Todo últimamente tiene que ver contigo

No estaba dormida, no podía.
Solo me recosté y mantuve los ojos cerrados por un largo rato.
Pensaba, por primera vez en mucho tiempo. En mí.
En qué era lo que quería.
Hacer.
Decir.
En quién quería.
Por supuesto pensé en él.
Y me invadió la nostalgia, ¿por qué no podemos tener a quien queremos?
¿Sería más fácil?
¿O más complicado de lo qué es ahora?
El día se mantuvo del mismo color, son esos días que me gustan mucho.
No me levanté de la cama,
El colchón, ha adquirido mi silueta en la posición que me mantuve leyendo a Dario Fo.
La laptop a un lado, a ratos suspendida, a ratos en las piernas.
Un documental de Janis Joplin en pausa.
Con un archivo de word en blanco, esperando para escribir mi siguiente columna.
Las cortinas entre cerradas, dejando pequeñas rendijas de luz gris pasar por la ventana.
En el buro, veo un obsequio aún sin entregar.
Él vuelve a la mente.
Y así ha sido.
Veo la ropa en el suelo.
Pienso en él.
El espejo mal colocado.
Pienso en él.
La pinche mancha de la pared.
Y… ¡puta madre! solo lo veo a él.
No estoy enamorada.
Me estoy volviendo loca.
Siendo medio día intento dormir, para olvidarme.
Cierro los ojos y no lo consigo.
Entonces pienso en mí, en todo lo que quiero.
Y en todo eso, lo quiero a él.
Estoy bien pendeja.
Intentando rimar versos que tengan que ver conmigo.
Solo logro vomitar los que tengan que ver contigo.
Todo últimamente tiene que ver contigo.

 

  • Isabel Araujo
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