Brincar la cuerda

Me desperté en medio de un suspiro, casi llorando me puse de pie, o tal vez sólo me senté, si, eso fue, sólo me senté. Muy desesperada y bañada en sudor corrí a persignarme, tan asustada volteé hacia todos los lados de la habitación, observé cada esquina, cada rincón y como siempre no había nada ni nadie. Volví a acostarme pero me fue imposible volver a dormir, así que me quedé despierta por un par de horas.

El miedo a dormir no se iba, era indignante cada vez que el sueño me vencía o cada vez que cerraba los ojos, era como ese miedo a morir. No sé cuanto tiempo pudo haber pasado pero después de mucho, en medio de la oscuridad cerré los ojos y me dormí aunque sentía como si estuviese concentrada en algo, sin embargo, el sueño estaba haciendo lo suyo.

Era el mejor momento de la madrugada cuando de nuevo apareció aquel lugar, aquella habitación blanca, se parecía a un hospital, no había algo, solamente unos azulejos azules que simulaba ser la decoración de las paredes. Recuerdo haber estado justo en el centro de un salón muy grande con una luz extenuante, de pie observaba cómo salían personas de las esquinas, había tantas que dejé de contarlas, me fue imposible hacerlo a tal grado que ni siquiera pude moverme, mientras tanto, las personas se reían de mi. Me puse extremadamente nerviosa, la escena me agobió, me abrazó, sentía que me asfixiaba, cerré los ojos y cuando volví a abrirlos las personas ya estaban mucho más cerca de mi, tan cerca que dejé de verles el cuerpo, sólo veía la cabeza de cada una de ellas. Volví a cerrarlos, tenía que hacerlo, necesitaba parpadear y mientras más lo hacia alguien se aproximaba, era una mujer con una enorme cara de rostro maléfico, lleno de burla, caminó hacia mi, tenía el cabello corto hasta los hombros, nunca me habló pero con sólo verme era como si lo hiciera, jugaba algo en las manos, simulaba ser el intestino de alguien, lo jugaba como aquel viejo juego de brincar sobre la cuerda, así lo hacia con las dos manos mientras se acercaba a mi rostro, con esa sarcástica sonrisa, me atemorizaba y gritaba para huir de ella. Desperté a causa de aquel grito, me sentí adormilada como si no fuera yo quien estaba despierta, no pasó mucho para que las lagrimas me dominaran, lloré como nunca al revivir aquel sueño, parecía irrealizable describirlo. No obstante que al escribirlo aterrizo en pánico, recordando el rostro de esa mujer y viéndolo bien, se parece a mí, con unos años más encima, tal vez es mi lado oscuro, mi lado corrupto.

-Fabiola C. Navarro-

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