Una extraña madrugada

9:00 pm
Que asco me da caminar cuando llueve, sentir como si mis pies estuvieran descalzos, mojándose con toda el agua sucia. Las calles parecen ríos fogóticos y yo tengo agua entre los dedos, solo espero que no me salgan hongos.
Aunque también debo agradecer por la lluvia de todo el día, este lugar parecía olvidado por dios, la tierra comenzaba a quebrarse y ni una gota caía del cielo, pero hoy no, hoy fue la excepción, ha llovido tanto que comienza a esparcirse el olor a tierra mojada. Los bichitos comienzan a salir de la tierra y caminan todos hacia las casas buscando refugio. Me imagino que para ellos un día de lluvia es como un día de inundación ¡cuántas muertes debe de haber en ese día! En fin, hay una marcada sobrepoblación de hormigas, hay miles y miles de horribles cucarachas ¡qué horror! Hasta pronunciarlo me cuesta, pero también hay una enorme cantidad de horribles cuijas ¿ya las había mencionado antes? Supongo que si, esos animales parientes de las lagartijas, traslúcidas, asquerosas, que se comunican a través de un agudo canto, más asquerosas aún, esos animales andan por doquier, se trepan en la pared, se meten en donde sea, les encanta estar en lugares calientes y lo que las hace más horribles es la apariencia de su panza, además de desprender la cola cuando alguien las toca y ¡se regeneran! ¡no mueren! ¿cómo es eso posible? Son sumamente desagradables. Pienso que esto tal vez es una fobia, debería aplicarme aquella técnica conductista que aprendí en la escuela, un buen día lo haré. El asunto es que, ahora las cuijas están corriendo de un lado a otro, están trepando por todas las paredes secas y consiguen entrar en cualquier rinconcito que encuentran, en lo que va de la noche he ahuyentado a tres de ellas, aunque ya no lo hago con raid o con un encendedor, he encontrado una mujer solución, ahora se van más rápido y ya no regresan si pongo tantito gas pimienta, yo sé que suena cruel pero es la vida de ellas o es mi fobia.
1:00 am
Parece que hoy será una noche larga, la lluvia no cesa, las hormigas me invaden, hay cucarachas voladoras fuera de la casa, hace calor y no puedo abrir la ventana porque hay afuera dos viejas cuijas esperando el momento adecuado para invadir mi espacio. Fue un día cansado y quiero poder descansar, lo intento, cierro los ojos pero los abro inmediatamente al escuchar el canto de estos animales.
2:46 am
Por fin he conseguido dormir y en medio del silencio escucho algo muy cerca de mí. Despierto y una cuija está aproximándose ¡maldita sea! Las odio tanto, no sé por qué existe, no sé por qué son tan espantosas, tan rápidas. Sé que puedo correr o al menos levantarme de un salto, pero no lo hago, me quedo paralizada, yo sé que ellas son pequeñas, pero son rápidas y yo no. No puedo quitarme de la cama y en ese preciso momento se suelta del techo ¡se cae sobre mí! Pasa rozándome la frente y se queda atontada en las sábanas blancas, me observa la muy descarada, se ve atolondrada, aunque satisfecha por lo que ha logrado ¿qué hago? ¿cómo la tiro de la cama? Mientras pienso en una solución ella decide irse sola justo como llegó. Estoy demasiado traumada como para mover un dedo, me quedo acurrucada sintiendo algo así como una alergia en la frente, me rasco desenfrenadamente, no hay quien me pare y entonces me arde -eso me calma- me sangra un poco y ahora sé que ya no hay rastro de ese animal pasando por mi cara.
3:19 am
Cada vez que cierro los ojos escucho ese terrible canto por todos lados. Esta oscuro, la lluvia cesó, el clima es fresco, pero escucho un concierto dentro de mi habitación, tomo el teléfono para alumbrar y ¡hay cuijas por todos lados! No entiendo en qué momento consiguieron entrar, ni siquiera estuve dormida por una hora y ahora estoy infestada de lagartijas que cantan. Siento que voy a desmayarme, no sé a dónde ir, el techo esta lleno de ellas a donde corra se me caerá alguna. Están bajando poco a poco, cada una de ellas llega a mí. Están cayendo, lo hacen a propósito, saben que las detesto ¡perdón por echarles raid, perdón por prenderles fuego, perdón por ahuyentarlas con gas pimienta! ¡solo quiero que se vayan! Quiero despertar, pero parece no ser un sueño, se están cayendo todas sobre mi cama, me quedo inmóvil con las piernas tiesas, con las manos temblando y ellas aprovechan, se suben a mi cuerpo, lo recorren velozmente, cantan mientras se van a mi cuello, así es como se llaman, se reúnen en él, tengo un nido de cuijas, no puedo con ello, levanto los brazos tirando a las que se han acomodado y las llevo a mi cuello, ocurre lo mismo que con mi frente; me rasco como si pretendiera quitarme la piel, me araño, me desprendo la verruga que lleva años allí, me desangro, me quito el cabello, se me atora la piel en las uñas, se tiñe mi pijama…
Y entonces, en ese momento abro los ojos y no hay algo, no hay lluvia, no hay hormigas, no hay cucarachas y tampoco hay cuijas ni en el techo ni en la cama, todo parece estar tranquilo, lo único que hay es una pijama teñida de sangre tibia, un cuerpo quieto tumbado en la cama, mi cuerpo quieto y mojado, unas sábanas pintadas de rojo, mi cuerpo relajado, enfriándose, la madrugada espesa y a lo lejos el último canto de una cuija.

-Fabiola C. Navarro-

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